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Acceso profesionales

Linfoma de células de manto

Dra. Reyes Arranz Saez. Hospital de la Princesa, Madrid.

DESCRIPCIÓN Y SÍNTOMAS

El linfoma no Hodgkin (LNH) es un cáncer del sistema linfático. El sistema linfático lo componen diferentes órganos tales como los ganglios linfáticos, vasos linfáticos, el bazo, el timo, las amígdalas y la médula ósea.

El linfoma de células del manto (LCM) es una entidad reconocida tan solo hace una década, gracias a la incorporación de nuevas técnicas al examen microscópico habitual que se hace en la biopsia.

Es un linfoma infrecuente, representa el 7% de los LNH diagnosticados en la actualidad.

Este linfoma afecta predominantemente a varones en la sexta década de la vida y debuta habitualmente con enfermedad diseminada (>80% de los casos). Así, es muy característico presentar un cuadro de inflamación de los ganglios linfáticos, del bazo e infiltración de la médula ósea, que es el tejido esponjoso que se encuentra en el interior de los huesos, con presencia, en un 25% de los casos, de las células tumorales también en la sangre.

Es también muy frecuente la afectación del sistema digestivo en forma de pólipos, aún en ausencia de síntomas. A pesar de la extensión de la enfermedad al diagnóstico, es menos frecuente que en otros linfomas agresivos la existencia de los denominados síntomas B (pérdida de peso, sudoración nocturna y/o fiebre). La mayoría de los pacientes están asintomáticos o con mínimos síntomas en el momento de realizarse el diagnóstico.

 

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico se hace óptimamente mediante el examen de la biopsia de alguno de los ganglios linfáticos afectados. Ocasionalmente, si no hay ganglios de fácil acceso, puede servir el examen de la médula ósea, si es que está infiltrada. En ambos casos, el examen microscópico no suele ser suficiente por lo que debe confirmarse mediante estudios adicionales inmunológicos y genéticos. De existir dudas, un patólogo experto en linfomas debería reexaminar la biopsia.

Una vez realizado el diagnóstico, su médico revisará los antecedentes médicos y quirúrgicos, y realizará un examen físico completo. Deseará saber si los ganglios linfáticos, el bazo u otros órganos están afectados. También examinará los otros sistemas del organismo para valorar su estado de salud. Se le realizarán análisis de sangre para conocer los recuentos sanguíneos y el estado del hígado y del riñón.

Si no se han hecho todavía, se realizarán pruebas radiológicas (rayos X, ecografías, escáner del cuerpo entero, etc..), biopsia de la médula ósea y las pruebas para ver si tiene afectación de la garganta y del tubo digestivo (gastroscopia y colonoscopia) con tomas de fragmentos de tejido del que se sospeche pueda estar afectado por la enfermedad.

Todas estas pruebas proporcionarán información sobre la extensión de la afectación por el linfoma y también del estado de su salud en general.

 

 

TRATAMIENTO

Desde su descripción en 1993 se han empleado prácticamente todos los esquemas de quimioterapia conocidos. Ya se sabe que con estos tratamientos se logra la desaparición de la enfermedad (lo que se denomina remisión completa) entre el 10% y el 60% de los casos y que ésta situación se mantiene entre 12 y 28 meses.

Hasta ahora, no existe un tratamiento de primera línea estándar, puesto que ninguno ha demostrado ser más eficaz. En los estudios realizados, los mejores resultados de control de la enfermedad (que exista remisión y que ésta dure), se han observado utilizando quimioterapia a dosis altas que requieren la infusión de progenitores hematopoyéticos previamente extraídos al paciente (el denominado trasplante autólogo); y con otras quimioterapias intensivas que no precisan infusión de progenitores antólogos, tales como el esquema Hyper-CVAD/Mtx-AraC.

Más recientemente, a los tratamientos intensivos mencionados y a los más convencionales, se está adicionando el anticuerpo monoclonal anti-CD20. Este fármaco se une específicamente a las células tumorales que tienen la molécula CD20 en su membrana, como es el caso de las células de este linfoma.

Los resultados conocidos hasta ahora indican que aumenta los índices de remisión de la enfermedad y también el periodo en el que está controlada y que se denomina supervivencia libre de enfermedad.

Pese a los avances que se han realizado, la recaída o reaparición de la enfermedad, puede ser frecuente. En la actualidad, están apareciendo nuevos fármacos que se están ensayando para controlar mejor la enfermedad y, que cuando se tenga más experiencia, también pasarán a ser empleados tras el diagnóstico con objeto de mejorar los resultados.

Mencionar por su probada eficacia aunque en estudios todavía preliminares el Bortezomib (VelcadeR, el Temsirolimus, la radioinmunoterapia (BexaarR, ZevalinR), la bendamustina, etc. De forma más excepcional, limitado por la edad y de la disponibilidad de un donante, se puede ofrecer el trasplante alogénico de médula ósea o de sangre periférica.

En resumen, en los últimos 10 años, el tratamiento de esta enfermedad relativamente nueva ha experimentado un gran avance. Los nuevos datos sobre su patogénesis, las nuevas moléculas selectivas y los estudios actualmente en marcha para optimizar el tratamiento hacen prever una mejoría significativa de la supervivencia.

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Enfermedades Autoinmunes

Dr. Ildefonso Espigado Tocino. Hospital Virgen del Rocio, Sevilla.

¿QUE SON LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES?

El sistema inmune está formado por varios órganos y células y su misión es defender a nuestro organismo contra las infecciones, ciertas enfermedades y las sustancias extrañas.
Sin embargo, en ciertas situaciones, el sistema inmune ataca a las células y tejidos normales del individuo, a los que no reconoce como propios, destruyéndolos como si fueran extraños. En esas situaciones se desarrollan Enfermedades Autoinmunes. El origen de este comportamiento no se conoce en detalle, pero en algunos casos se piensa que se produce por exposición a microorganismos, como virus o bacterias, u otros factores medioambientales, en personas que tienen una predisposición genética

 

¿QUE ES LO ESENCIAL DE LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES?

Se conocen una 50 Enfermedades Autoinmunes y sus síntomas van desde leves erupciones cutáneas hasta enfermedades que atacan órganos o sistemas fundamentales del organismo y amenazan la vida. Aunque cada enfermedad es diferente, la mala función del sistema inmune está presente en todas ellas. Los pacientes pueden tener varios órganos afectados al mismo tiempo, y los síntomas dependen de qué tejidos sean afectados o destruidos. La mayoría de las Enfermedades Autoinmunes tienen algunos síntomas comunes, como son, cansancio, mareo, sensación de malestar y febrícula. Entre las Enfermedades Autoinmunes más frecuentes se encuentran la Artritis Reumatoide, el Lupus Eritematoso Sistémico, la Esclerosis Múltiple y la Esclerosis Sistémica. El diagnóstico se establece mediante análisis de sangre y otras pruebas. Aproximadamente el 75 por ciento de los casos de Enfermedades Autoinmunes se producen en mujeres, y más frecuentemente en las que han tenido hijos.

 

TRATAMIENTO

Los tratamientos para las Enfermedades Autoinmunes pueden incluir tanto medicamentos que suprimen o reducen la actividad del sistema inmune como otros dirigidos a ayudar al órgano u órganos afectados. Actualmente no se dispone de tratamientos curativos.

 

¿EN QUE CONSISTE EL TRASPLANTE AUTOLOGO DE CELULAS MADRE PARA TRATAR LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES?

No se trata de un procedimiento quirúrgico, sino de la administración de radioterapia y/o quimioterapia a dosis altas, de forma similar al tratamiento de las enfermedades malignas de la sangre. En esencia, el procedimiento consta de las siguientes fases:

  • Unos días antes de realizar el trasplante propiamente dicho, se obtienen células madre de la sangre del paciente.
  • Estas células son tratadas en el laboratorio para eliminar las que causan la enfermedad autoinmune.
  • Posteriormente el paciente recibe tratamiento intenso (quimioterapia y/o radioterapia) que suprime y destruye su sistema inmune.
  • A continuación se le administran, mediante infusión a través de una vena, las células que le fueron recogidas y que previamente se han limpiado de las células enfermas auto-reactivas.
  • En las semanas siguientes el paciente desarrollará un nuevo sistema inmune que puede perder la capacidad de atacar los tejidos y órganos propios del paciente, desapareciendo así los síntomas de la enfermedad autoinmune.

Como muchas Enfermedades Autoinmunes empiezan en edades medias de la vida se considera que el trasplante puede producir una “vuelta atrás del reloj biológico” del sistema inmune, retrocediendo a fases anteriores de su desarrollo, cuando todavía no atacaba los tejidos y órganos propios.

¿CUAL ES EL PAPEL ACTUAL DEL TRASPLANTE AUTOLOGO DE CELULAS MADRE EN EL TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES?

El trasplante autólogo (del propio paciente) de células madre es un procedimiento que está siendo investigado clínicamente para prevenir la progresión de la enfermedad y para disminuir la intensidad de los síntomas en pacientes con Enfermedades Autoinmunes severas y resistentes a tratamientos convencionales. Los resultados de los ensayos clínicos iniciales han mostrado que el trasplante produce mejorías en los síntomas de los enfermos y que son necesarios estudios comparativos con otras formas de tratamiento para conocer sus beneficios a largo plazo. Actualmente los pacientes con Enfermedades Autoinmunes que sean tratados mediante trasplante de células madre deben serlo dentro de ensayos clínicos debidamente autorizados, en los que es muy importante determinar qué pacientes podrían beneficiarse del trasplante, y cuáles no, ya que el trasplante es un procedimiento que no está exento de riesgos serios, que pueden incluso, en casos infrecuentes, poner en peligro la vida del paciente. Por tanto, el trasplante de células madre (también llamado trasplante de progenitores sanguíneos –o hematopoyético- ) es, actualmente, un procedimiento en investigación clínica para el tratamiento de las Enfermedades Autoinmunes severas.


Webs de interés:

www.ebmt.org
www.astistrial.com

www.astims.org

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Leucemia linfoblástica aguda

Dr. Jose Mª Ribera Santasusana. Hospital German Trias i Pujol, Barcelona.

DEFINICIÓN

Las leucemias agudas son proliferaciones incontroladas de células inmaduras, malignas (denominadas blastos) que se originan en la médula ósea. En el caso de la leucemia aguda linfoblástica (LAL), la célula inmadura que se multiplica de forma incontrolada es el precursor de los linfocitos (denominado linfoblasto). Como consecuencia de la multiplicación incontrolada de estos linfoblastos ocurre:

  1. Una alteración del proceso normal de fabricación del resto de células de la sangre (plaquetas, glóbulos rojos o hematíes y glóbulos blancos o leucocitos), lo cual puede originar, respectivamente, hemorragias, anemia y facilidad para padecer infecciones de cualquier tipo.
  2. La infiltración de otros órganos del cuerpo por estas células, lo que hace que su función pueda alterarse y su tamaño aumente. Por ello, puede detectarse sobre todo aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, del bazo y del hígado.

 

TIPOS DE LEUCEMIA AGUDA LINFOBLÁSTICA

Podemos diferenciar numerosos tipos de LAL en función de qué características tienen los linfoblastos tras su observación al microscopio, la presencia o ausencia de marcadores celulares en la superficie y la presencia de alteraciones en los genes y cromosomas. Existen dos grandes grupos de LAL, las LAL de células B, que comprenden el 85% del total de LAL, y las LAL de células T, que constituyen el 15% de los casos de LAL.

Existen dos tipos especiales de LAL, que por sus características, se diferencian claramente del resto. La LAL con cromosoma Filadelfia (LAL Ph’) y la LAL de Burkitt

 

SÍNTOMAS DE LA LEUCEMIA AGUDA LINFOBLÁSTICA

Los síntomas y signos que produce la LAL son los que se derivan de la infiltración de la médula ósea y de otros tejidos y órganos como consecuencia de la multiplicación incontrolada de los linfoblastos (las células leucémicas). En ocasiones, sin embargo, la leucemia puede detectarse de manera fortuita, cuando se realizan análisis por cualquier motivo, pero lo habitual es que se presente acompañada de otros síntomas, entre los que destacan: síntomas constitucionales (cansancio, disminución del apetito, pérdida de peso), fiebre, dolores osteoarticulares, hemorragias, infecciones, agrandamiento de ganglios linfáticos, bazo e hígado e infiltración de otros tejidos.

Diagnóstico de la leucemia aguda linfoblástica

Para confirmar el diagnóstico definitivo de la LAL es necesario realizar sólo unas pocas pruebas, que consisten en un análisis de sangre, un aspirado de médula ósea (también llamado mielograma) y una punción lumbar. En estas muestras se efectuarán una serie de estudios (observación al microscopio, estudios inmunológicos y cromosómicos), que permitirán conocer la variedad de LAL que se padece.

Tratamiento de la leucemia aguda linfoblástica

El tratamiento de las LAL requiere hospitalización y se basa en la administración de quimioterapia, es decir, fármacos que tienen la capacidad de destruir las células tumorales (los linfoblastos). Junto a la quimioterapia, son importantes otros aspectos como las transfusiones de sangre y de plaquetas o la administración de antibióticos o de otros medicamentos que se necesitan para controlar las complicaciones y los efectos secundarios derivados de la quimioterapia.

En líneas generales, el tratamiento tiene varias fases. La primera se denomina tratamiento de inducción, la segunda es la del tratamiento de intensificación (también llamado de consolidación) y la tercera fase es el tratamiento de mantenimiento. Junto al tratamiento intravenoso deben efectuarse punciones lumbares con administración de pequeñas dosis de quimioterapia directamente en el sistema nervioso (lo que se denomina quimioterapia intratecal). En algunos tipos de LAL que tienen un riesgo elevado de recaída, tras la fase de consolidación puede ser necesario un trasplante de progenitores hematopoyéticos (TPH). La duración global de todo el tratamiento (incluidas todas las fases) es prolongada y puede alcanzar hasta 2 años.

¿Qué resultados ofrece el tratamiento de la LAL?

En los niños, la tasa global de curación de las LAL se sitúa en torno al 70%, mientras que en los adultos es de un 30-40%. En cualquier caso, estos resultados dependen del subtipo de LAL, así como de la existencia de determinados factores pronósticos como son la edad, la presencia de determinadas alteraciones en los cromosomas, de la rapidez con la que se responde al tratamiento y del grado de eliminación de la enfermedad oculta (también llamada enfermedad residual).

En la LAL con el cromosoma Filadelfia, la aparición en los últimos años de fármacos dirigidos de forma específica contra la proteína específica responsable de este tipo de leucemia ha cambiado su pronóstico, con una probabilidad de curación que probablemente alcance el 60%. Estos fármacos (por ejemplo imatinib) se administran en combinación con la quimioterapia convencional, la cual se sigue de un TPH alogénico (es decir, a partir de un hermano histocompatible o un donante no emparentado).

La LAL de Burkitt tiene también un tratamiento diferenciado respecto a los otros tipos de LAL e incluye dosis altas de quimioterapia, con respuestas duraderas en más del 50% de adultos.

 

PÁGINAS DE INTERÉS

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Linfomas T Periféricos

Dr. Jose Rodriguez Diaz-Pavón. Hospital General U. Gregorio Marañón, Madrid.

DEFINICIÓN

Los llamados linfomas T periféricos constituyen un grupo heterogéneo de linfomas no-Hodgkin de diagnóstico complejo e incidencia relativamente reducida (10-15% de los linfomas no Hodgkin en el mundo occidental ) dentro del conjunto de los síndromes linfoproliferativos.

diferencia de los más frecuentes, linfomas de estirpe B, en este caso son los linfocitos T, los linfocitos que se ocupan de la inmunidad celular, los que sufren la transformación maligna dando lugar a las diferentes entidades neoplásicas del grupo de linfomas T.

Los linfocitos T pueden dividirse de forma simple, para facilitar la comprensión, en dos grupos. Un primer grupo lo constituyen linfocitos inmaduros localizados en el timo donde fundamentalmente van madurando para posteriormente constituir el pool de linfocitos maduros periféricos

La transformación maligna de los linfocitos T inmaduros que pueblan el timo da lugar a leucemias y linfomas T de linfocitos inmaduros. Sin embargo, la transformación de los linfocitos T maduros encargados de la respuesta inmune celular dará lugar a los diferentes linfomas T periféricos de los que nos vamos a ocupar.

Tras un número amplio de diferentes clasificaciones en el pasado, se ha llegado a la clasificación actual de la OMS ( Organización mundial de la salud ) de los linfomas donde se incorporan los conocimientos clínico y biológicos actuales y se dividen las neoplasias de una forma más completa y racional que las pasadas clasificaciones.

Esta clasificación agrupa a las diferentes entidades de los linfomas T periféricos en dos grandes grupos: de predominio nodal o extra-nodal, dependiendo de los órganos principalmente afectados por el linfoma; en el primer caso los ganglios linfáticos y en el segundo, diferentes órganos ( piel, hígado, bazo intestino, etc) no linfáticos.

 

TIPOS DE LINFOMAS T PERIFERICOS

Linfomas T periféricos nodales

Este es sin duda el grupo más numeroso y el que, en general, se entiende como linfoma T periférico. Dentro de este grupo se describen 3 subtipos de linfomas: linfoma T anaplásico, linfoma T angioinmunoblástico y linfoma T periférico no especificado.

Linfoma T periférico no especificado

Este grupo representa la entidad más heterogénea, como su nombre indica, dentro de estos linfomas. No en vano, en este grupo se incluyen aquellos linfomas que no se han podido clasificar dentro de los grupos o entidades definidos en la clasificación de la OMS. Es por tanto un cajón de sastre que representa alrededor de un 55% de estos linfomas T periféricos y es el linfoma T más frecuente en los paises occidentales.

Se presenta generalmente con un cuadro clínico que incluye un agrandamiento de los ganglios linfáticos junto con fiebre, perdida de peso, sudoración y malestar general en más del 50% de los pacientes. En ocasiones otros organos, aparte de los propios ganglios linfáticos, están afectados: piel, hígado, pulmón, bazo etc. A veces y desde luego, con una mayor frecuencia que el resto de linfomas, se presenta un cuadro clínico llamado síndrome hemofagocítico que consiste en fiebre, pancitopenia ( disminución del número de leucocitos, hematíes y plaquetas) y gran afectación general. De forma característica en este síndrome se observa el fenómeno de fagocitación por parte de los macrófagos de hematíes lisados, siendo este fenómeno, que se observa al microscopio, el que otorga el nombre del síndrome.
Otra característica clínica típica y relativamente frecuente en este tipo de linfomas es la presencia de eosinofilia (aumento de eosinófilos) en sangre periférica.
 

Linfoma T angioinmunoblástico

Este linfoma constituye, aproximadamente, un 20% de los linfomas T periféricos y se presenta como un cuadro de afectación ganglionar diseminado, con aumento del tamaño del hígado y bazo y afectación general, consistente en perdida de peso, sudoración profusa y fiebre.
Otros signos y síntomas característicos son un aumento policlonal ( es decir no específico) de las inmunoglobulinas, erupción cutánea y anemia hemolítica.
Existe también, en este linfoma, una mayor predisposición al desarrollo de infecciones que en ocasiones son graves.
Su curso clínico es muy variable e impredecible, habiéndose descrito incluso remisiones espontáneas y respuestas a tratamientos inmunomoduladores ( fomentando la reacción inmune del organismo contra el linfoma ) como corticoides, interferón, ciclosporina, retinoides, talidomida etc.
No obstante lo habitual es un cuadro rápidamente progresivo para el cual los esquemas convencionales de quimioterapia basados en el principal fármaco, adriamicina, han demostrado la mayor eficacia.
Sin embargo, dado que se observa una gran incidencia de recaídas, recientemente se han descrito unos excelentes resultados tanto en primera línea de tratamiento, como cuando recae la enfermedad con la utilización de alta dosis de quimioterapia con trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos (células sanguíneas primitivas con capacidad de formar todas las poblaciones celulares de la sangre) (TAPH).
 

Linfoma Anaplásico

Este tipo de linfoma, en general, tiene el mejor pronóstico de estos linfomas T periféricos nodales. Con frecuencia también se afectan otros órganos aparte de los ganglios linfáticos. Una característica típica de estos linfomas, que sirve para el diagnóstico además de la morfología de las células y que se observa también en la enfermedad de Hodgkin, es la expresión en la superficie celular de la célula del linfoma del antígeno CD30, que es un receptor celular de activación.
Dentro de este grupo coexisten dos subgrupos con diferente pronóstico. Un primer grupo lo constituyen los pacientes donde una típica alteración genética ( la t (2;5)) está presente. En este caso, dos genes llamados NPM y ALK se juntan y dan lugar a un nuevo gen anómalo que es capaz de producir la transformación neoplásica. Pues bien, se ha observado que los pacientes con linfoma anaplásico que presentan esta traslocación u otras similares y que por tanto se detecta el marcador ALK (son ALK+) el pronóstico es sustancialmente mejor, no solo con respecto a los linfomas anaplásicos que no expresan ALK, sinó al resto de los linfomas T. Por lo tanto, cuando se diagnostica a un paciente de linfoma T anaplásico, es muy importante saber si es ALK positivo o negativo.
Como acabamos de describir, el tratamiento de estos linfomas es quimioterapia convencional pues se ha visto que tienden a responder mejor a combinaciones de fármacos quimioterápicos en torno a adriamicina que el resto de los linfomas T periféricos.
Existe una presentación exclusivamente en la piel de este tipo de linfoma, pero del grupo de linfomas T cutáneos no nos vamos a ocupar en esta revisión.

 

Linfomas T extranodales

En este grupo, los más numerosos son los cutáneos, pero que aquí no nos vamos a ocupar de ellos, y que tienen una personalidad propia.

Los otros tipos que sí nos ocuparemos, tienen una frecuencia muy baja y en general un peor pronóstico que los linfomas nodales T periféricos. Las características de su presentación clínica, la biología molecular de la enfermedad y las alteraciones genéticas características en alguno de los tipos les proveen de entidad propia.
 
Linfoma T enteropático
 
Este linfoma afecta, de forma preferente, a adultos en la quinta o sexta década de la vida con una historia de una enfermedad intestinal llamada celiaquía y que consiste en malabsorción producida por la ingesta de alimentos que incluyen gluten.
No todos los pacientes tienen, sin embargo, antecedentes de esta enfermedad intestinal aunque, formas de la enfermedad poco agresivas están presentes en la mayoría de ellos.
El curso clínico es agresivo y localizado en el intestino delgado ( yeyuno e ileon ) con extensión frecuente a los ganglios regionales. Con relativa frecuencia se presenta con un cuadro de obstrucción intestinal o perforación que hace necesaria la intervención quirúrgica urgente.
Debido al hecho que la enfermedad parece localizada, el tratamiento quirúrgico en el pasado era el tratamiento de elección. Sin embargo hoy sabemos que la enfermedad con sólo tratamiento quirúrgico reaparece sistemáticamente. Por tanto, siempre ha de administrarse tratamiento quimioterápico aún cuando, teóricamente, se haya extirpado todo el linfoma. En efecto, el intestino puede estar afectado a parches y es por eso que se hace necesario un tratamiento sistémico con quimioterapia.
Con todo, el pronóstico con el tratamiento convencional actual es pobre.
 
Linfoma T de tipo paniculítico
 
Esta es una entidad muy característica, manifestándose en forma de nódulos subcutáneos múltiples, principalmente a nivel de las extremidades inferiores, y de forma preferente en mujeres de edad avanzada.
Es también frecuente que en esta entidad se presente un síndrome hemofagocítico que empobrece el pronóstico.
En estos casos, el curso evolutivo es muy agresivo aunque, si el linfoma responde al tratamiento quimioterápico, también el síndrome hemofagocítico tiende a responder.
Por lo tanto, el abordaje terapéutico debe ser con regímenes terapéuticos para linfomas agresivos, sin embargo el pronóstico tiende a ser peor. Por este motivo algunos investigadores han añadido al tratamiento quimioterápico convencional, la consolidación con TAPH con resultados esperanzadores en los escasos casos publicados.
Existe en ocasiones, presentaciones muy localizadas que se pueden beneficiar de tratamiento con Radioterapia.
 
Linfoma T hepatoesplénico
 
Esta es una entidad poco frecuente pero muy característica. Afecta, preferentemente, a pacientes varones jóvenes con una importante hepatoesplenomegalia, aunque se han descrito casos sin afectación hepatoesplénica.
La gran mayoría de estos linfomas están originados en los linfocitos T con expresión de receptores T gamma-delta aunque, un pequeño numero de casos, expresa los receptores alfa-beta, que es por otro lado, el que se expresa en más de un 90% de los casos por los linfocitos T.
Se asocia de forma característica a la presencia de una alteración genética, isocromosoma 7q, que sirve para diagnosticar también la enfermedad.
El tratamiento con quimioterapia convencional es insatisfactorio, y tratamientos con TAPH e incluso con trasplante alogénico no han dado hasta el momento unos resultados óptimos.

 

TRATAMIENTO CON QUIMIOTERAPIA CONVENCIONAL

El pronóstico de estos linfomas con respecto a los linfomas de linfocitos B es ampliamente reconocido como más pobre. Al menos 9 series en la literatura han demostrado este punto, por lo que unido a su relativa baja frecuencia y al pobre pronóstico, los linfomas T periféricos constituyen un reto actual terapéutico.

Los resultados con terapia convencional ofrecen un 20-30% de prolongadas supervivencias, lo que representa un 20-25% menos que los correspondientes linfomas agresivos de estirpe B.

Sin embargo, en los últimos años y como consecuencia de un esfuerzo internacional remarcable, nuevos fármacos y tratamientos experimentales probablemente van a cambiar el pronóstico de estos linfomas.

En efecto, el tratamiento de estos linfomas ha sido el mismo del de los linfomas B agresivos. Sin embargo, fármacos fundamentales por su actividad en estos linfomas B, parecen no serlo tanto en los linfomas T.

Debido a este hecho, algunos investigadores han publicado resultados esperanzadores con terapias mas agresivas que incluyen TAPH ( trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos) incluso en primera línea de tratamiento.

Otra aproximación terapéutica actual, motivo de creciente interés, es el tratamiento con trasplante alogénico con escasas series publicadas pero que, en algunas series, los resultados son esperanzadores.

Con todo, su consideración actual radicaría en aquellos casos en recaída de la enfermedad o no respuesta al tratamiento inicial, y siempre que sea posible por características del paciente o viabilidad de encontrar el donante.

De todas maneras, la mayor esperanza en el tratamiento de estos linfomas radica en un mejor conocimiento de la biología molecular de estos linfomas que, no solo servirá para clasificarlos mejor sinó para descubrir nuevas dianas terapéuticas.

En concreto, fármacos con especificidad citotóxica para linfomas T como algunos análogos de los nucleósidos, inhibidores de las deacetilasas de histonas, inhibidores de vias de señalización celulares que ordenan la proliferación celular y el crecimiento celular en estos linfomas T, así como nuevos fármacos dentro de la familia de quimioterápicos antimetabolitos como el Pralatrexate, estan ofreciendo resultados esperanzadores en estudios muy preliminares.

Otra avenida terapéutica experimental, con también resultados preliminares muy prometedores, es la inmunoterapia a través del uso de anticuerpos monoclonales contra antígenos característicamente expresados por las células de estos linfomas T.

En concreto, anticuerpos monoclonales frente a CD30 o CD52 ( Alemtuzumab) son los más estudiados. Su uso administrado como un simple fármaco o asociado a quimioterapia es motivo de estudio actual.

Para finalizar, es importante puntualizar que, solo la inclusión en protocolos de tratamientos innovadores puede mejorar el pronóstico de estos linfomas. En estos protocolos se trata de demostrar a gran escala, la importancia en el tratamiento de estos linfomas de nuevos fármacos que han demostrado tener actividad en estudios preliminares.

 

CONCLUSIÓN

Los linfomas T periféricos constituyen alrededor de un 10% de los linfomas agresivos. Su gran heterogeneidad biológica unido a su relativa escasa frecuencia han provocado que su tratamiento no esté establecido. Los resultados con quimioterapia convencional de los linfomas B agresivos ofrece unos resultados subóptimos, por lo que nuevos tratamientos específicos para estos linfomas son necesarios.

Intensificación de dosis de quimioterapia con soporte de TAPH es una nueva modalidad terapéutica que refleja en estudios preliminares unos resultados esperanzadores.

Nuevos fármacos específicos de linfomas T incluyendo inmunoterapia con anticuerpos monoclonales reflejan, en experiencias muy preliminares, una actividad prometedora.

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